Testimonios Esclerosis Múltiple. Montse Cervantes: “Me estaba duchando y no me podía enjuagar porque me daban calambres”

Seis meses después de haber decidido recuperar el Mulla’t por la esclerosis múltiple en su pueblo, Argentona, le diagnosticaron esta enfermedad. Hoy lleva una vida casi normal, gestionando la fatiga y viviendo el presente.
¿Cómo empezó todo?
Hace 8 años, en 2017. El día de mi santo, el 27 de abril, tenía la sensación de un calambre en la parte trasera del muslo y no le di importancia. El 1 de mayo hacíamos una fiesta sorpresa y, al recoger, limpiando los utensilios que habíamos usado, le dije a mi amiga “no me pongas el agua hirviendo” y ella me dijo que estaba fría. Fue ahí cuando puse la mano derecha y noté que estaba fría, pero cuando ponía la izquierda era como si me diera un calambre. Empecé a preocuparme. Iba haciendo esa prueba y cada vez la sensación de calambre era más fuerte. Llamé al 061 y me pidieron que me hiciera unas pruebas yo misma y que fuera al médico de cabecera. No le dieron importancia y eso me tranquilizó un poco, aunque yo veía que lo que me pasaba no era normal. Después fui al CAP y me derivaron al hospital con un informe.
– ¿Leíste el informe por el camino?
No, iba sola y conduciendo. Fui a urgencias y dije que me habían dicho que tenía que verme un neurólogo, y ya empecé mal porque la persona que hacía el triaje me dijo que me vería la profesional que ella creyera conveniente. Me dejaron ingresada dos días. Recuerdo que al ducharme no pude enjuagarme la cabeza porque me daban calambres muy fuertes. En el lado izquierdo tenía un dolor terrible. Después de dos días me dejaron salir, pero me iban haciendo pruebas y finalmente llegó el diagnóstico.
– Y mientras tanto, cuando no sabías que tenías EM, ¿qué pensabas que era?
Soy una persona bastante positiva, sabía que tenía algo, pero los médicos me dijeron: para ser un ictus, todo esto va muy lento; y para ser un tumor, va demasiado deprisa.
– ¿Cómo recibiste el diagnóstico?
Fui con mi hermano y la doctora me dijo que tenía EM. Yo respondí “ah, de acuerdo”. Y mi hermano me preguntaba: “¿cómo que ah, de acuerdo?”. Y yo le dije que si fuera ELA sería un diagnóstico letal y me preocuparía más, o un tumor, porque por desgracia en la familia ya hemos perdido personas por esa enfermedad.
– ¿Qué hiciste después de recibir el diagnóstico?
Lo primero que hice fue llamar a Miquel Buch [entonces alcalde de Premià de Mar]. Fuimos a tomar un café. Es lo único que hice y le pregunté sobre la esclerosis múltiple. Parece una tontería, pero una charla con alguien que tiene EM ayuda más que buscar información por internet.
– ¿Buscaste información sobre la EM?
Nunca, me dejo llevar.
– ¿Te recuperaste del brote?
Sí, al cabo de un mes fue remitiendo y me dieron una medicación que tenía que inyectarme cada 15 días. El problema era que me salían unos hematomas muy negros… pero lo peor era que 24 horas después de ponerme la inyección era como si tuviera una gripe. Así que me la ponía los viernes por la noche para poder trabajar el sábado, y el domingo me quedaba tirada en el sofá todo el día. Me cambiaron la medicación. Me dieron unas pastillas que me provocaban sofocos y me sentía muy, muy cansada. Me dejó sin defensas. Pararon la medicación y ahora ya tengo otra.
– ¿Qué síntomas tienes ahora?
Lo que no he podido recuperar es la fatiga. Soy concejala del Ayuntamiento de Argentona y trabajo en una óptica, 40 horas semanales. En el Ayuntamiento llevo fiestas. Antes podía cargar dos vallas en cada brazo. Ahora no puedo, no tengo fuerza. A veces me cuesta abrir una simple botella y eso nunca me había pasado. Tengo síntomas que no se ven. Hace unos días que noto rigidez en los dedos de la mano derecha.
– ¿Pero puedes hacer vida normal?
Puedo hacerla, pero sí que es cierto que necesito mis momentos de descanso. Buscar un rincón y tumbarme de vez en cuando. Me cuesta descansar, a veces me ayudo de alguna infusión de hierbas. Cuando me levanto después de descansar tengo una sensación de renovación, aunque pasadas un par de horas vuelva a estar cansada.
– Eres concejala de fiestas, movilidad, personas mayores, juventud y servicios sociales. ¿El hecho de tener EM te hace ser más empática?
Siempre he sido empática con la gente, sobre todo con las personas más vulnerables. Las personas mayores son muy empáticas conmigo. Cuando me ven me invitan a sentarme. La empatía tiene que estar ahí, porque la mayoría de esas personas mayores son nuestros padres.
– ¿Cómo te implicaste en el Mulla’t?
En enero de 2017 era concejala de deportes y pregunté por qué habíamos dejado de hacer el Mulla’t en Argentona. Me dijeron que desde la Fundación pedían voluntariado. Y dije: ¡pues este año lo hacemos! Fue totalmente premonitorio, porque eso fue en enero y me diagnosticaron en mayo, cuando ya estábamos inscritas. ¡No me lo podía creer! A partir de ahí empezamos con el Mulla’t con un grupo de amigas mías que eran las voluntarias. El segundo año, en plena pandemia, recuerdo que pusimos el stand del Mulla’t y se acercaron dos personas, por separado, a preguntarnos por qué lo hacíamos. Les dijimos que estábamos solidarizadas con la causa y nos preguntaron si alguna de nosotras tenía EM. Les dije que yo. No se lo podían creer, porque ellas tienen más afectada la movilidad, y una de ellas empezó a sumarse y ahora también nos ayuda. Ahora, en el pueblo, que yo sepa, hay siete personas con esclerosis múltiple.
– ¿Qué significa para ti el Mulla’t?
Es una forma de colaborar con una causa que antes me era ajena y ahora me afecta de lleno. El Ayuntamiento nos cede la piscina, el socorrista… es todo un montaje, y además hacemos el Mulla’t de noche para no interferir en el horario de la piscina municipal. Ponemos música, hasta ahora cada año hemos hecho un espectáculo de natación sincronizada, también hacemos un sorteo. A las 10 de la noche se para la música, hacemos la cuenta atrás y nos tiramos al agua. ¡Es muy chulo! Bañarse por la noche tiene su qué, con la piscina iluminada, la música…
Montse es un ejemplo de cómo convivir con la esclerosis múltiple sin renunciar a participar, a ayudar y a seguir adelante. Su testimonio demuestra que la fuerza colectiva comienza con historias individuales como la suya.
Súmate tú también al Mulla’t: lánzate a la piscina o colabora comprando los productos solidarios de la FEM. Cada gesto cuenta para mejorar la vida de quienes conviven con la esclerosis múltiple. ¡Mójate por la EM!
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