Espasticidad y “espinas irritativas”: comprender los factores que influyen en su aparición

La rigidez y los espasmos musculares son síntomas frecuentes en personas con EM. Estos pueden empeorar debido a cambios en la rutina diaria como, por ejemplo, infecciones o problemas de vejiga. Identificar estos factores también denominados espinas irritativas es fundamental para poder tratarlos.

¿Qué es la espasticidad?

La espasticidad es uno de los signos neurológicos más frecuentes en la esclerosis múltiple y se caracteriza por un aumento involuntario del tono muscular que provoca rigidez, dificultad para realizar movimientos y, en ocasiones, espasmos musculares. Su intensidad puede variar y verse influida por diferentes factores conocidos como espinas irritativas.

Las espinas irritativas son estímulos o situaciones que pueden desencadenar o aumentar la espasticidad. Identificarlas y actuar sobre ellas es una parte importante de su manejo, ya que en muchas ocasiones evita el aumento del problema motor, facilitando el movimiento voluntario y la realización de actividades cotidianas. Combinar el tratamiento que aconseja el profesional sanitario de referencia mediante ejercicios y estiramientos específicos con hábitos saludables, ayuda a mejorar la calidad de vida y prevenir complicaciones derivadas de la espasticidad.

Factores emocionales de la espasticidad

Entre las espinas irritativas más habituales se encuentra el aspecto emocional. El estrés, la ansiedad, las preocupaciones familiares o laborales, la incertidumbre frente a la evolución de la EM o la sensación de sentirse observado pueden influir en la forma en que una persona afronta la situación.

Factores físicos de la espasticidad

Existen muchos desencadenantes que favorecen el aumento de la espasticidad entre los que podemos destacar las lesiones y/o heridas sobre la piel, las uñas encarnadas, las úlceras por presión, así como las infecciones de cualquier tipo (urinarias, respiratorias, dentales…). El estreñimiento es otro factor que puede agravar la espasticidad, al igual que el aumento de la temperatura corporal o ambiental. La fiebre o la exposición a ambientes calurosos pueden provocar un empeoramiento temporal de los síntomas. En todos los casos, el dolor, independientemente de su origen, puede favorecer un incremento de la rigidez muscular.

La velocidad con la que se realizan los movimientos también tiene efectos negativos sobre la espasticidad. Las prisas, por ejemplo, alteran la capacidad que tienen los músculos espásticos de reaccionar, dificultando que se puedan coordinar correctamente entre ellos para realizar un movimiento. Un ejemplo frecuente es el aumento de la rigidez al caminar deprisa para llegar al baño. Además, la espasticidad suele ser mayor a medida que aumentan los años de evolución de la enfermedad. Algunos medicamentos también pueden favorecer su aparición o empeoramiento.

La postura corporal y la espasticidad

Otro aspecto importante es el mantenimiento prolongado de determinadas posturas. Permanecer durante mucho tiempo en una posición (mantener las manos cerradas, los codos flexionados o dejando caer las puntas de los pies) puede favorecer la aparición o incremento de los patrones espásticos y contribuir a que la rigidez aumente progresivamente. Por este motivo, los programas de rehabilitación y fisioterapia basados en ejercicios y movilizaciones específicas suelen incluir cambios posturales, estiramientos y movimientos suaves destinados a preservar la amplitud articular y mantener la musculatura en las mejores condiciones posibles.

Cuando la espasticidad se mantiene en el tiempo pueden aparecer diferentes consecuencias físicas. Inicialmente puede producirse un acortamiento muscular que suele ser reversible si se aborda de forma precoz mediante fisioterapia o tratamiento especializado. Si la rigidez persiste, la estructura del músculo empieza a modificarse, dando lugar a una mayor pérdida de flexibilidad. En fases más avanzadas pueden aparecer contracturas musculares que pueden llegar a fibrosarse causando una reducción drástica en la elasticidad del músculo de forma permanente si no se realiza tratamiento.

La espasticidad también puede provocar alteraciones en la alineación de las articulaciones y favorecer la adopción de posturas inadecuadas, aumentando el riesgo de complicaciones como las úlceras por presión y/o deformidades. Además, dificulta los ajustes posturales necesarios para realizar movimientos, por lo que acciones cotidianas como levantarse, caminar, vestirse o cambiar de posición pueden requerir un esfuerzo mucho mayor. Este sobreesfuerzo suele asociarse a un aumento de la fatiga.

Otras consecuencias frecuentes incluyen alteraciones del sueño causadas por espasmos nocturnos, dolor o dificultad para moverse en la cama, así como problemas vesicales, intestinales y sexuales. Todo ello puede repercutir en la autonomía y en la calidad de vida de las personas que conviven con EM.

A pesar de estas dificultades, la espasticidad no siempre tiene un impacto exclusivamente negativo. En algunas ocasiones, el aumento del tono muscular puede ayudar a mantener la posición de pie o incluso facilitar la marcha. Aunque esta marcha no siempre sea funcional o segura, conservar esta capacidad puede tener un importante valor psicológico y contribuir a mantener una mayor sensación de independencia y autonomía, así como favorecer las transferencias en los casos necesarios. Por ello, conocer las espinas irritativas, prevenir los factores que pueden agravarlas y realizar ejercicios adaptados y pautas adecuadas forman parte fundamental del abordaje de la espasticidad.

Abordaje individualizado

Como ocurre con muchos otros síntomas de la esclerosis múltiple, la espasticidad no afecta igual a todas las personas, por lo que requiere un abordaje individualizado. Su tratamiento puede combinar ejercicios y estiramientos, fisioterapia, terapias acuáticas, dispositivos de apoyo y ayudas técnicas o medicamentos, siempre bajo la supervisión de profesionales especializados. De igual modo, es esencial reconocer y limitar los factores desencadenantes para un control más efectivo. Un tratamiento adecuado puede ayudar a reducir la rigidez, facilitar los movimientos, disminuir la fatiga y prevenir complicaciones como contracturas, inmovilización o úlceras por presión, contribuyendo así a mantener una mejor calidad de vida.

Si quieres ampliar información sobre la espasticidad y otros síntomas relacionados con la esclerosis múltiple, en la web de la FEM encontrarás recursos, consejos prácticos y contenidos elaborados por profesionales especializados para acompañar a las personas que conviven con la EM y su entorno.

Revisado por, Eugènia Lacasa, fisioterapeuta del Centre Neurorehabilitador de Lleida.

Referencias:

Guia_EjerciciosEspasticidadEM.pdf

Qué es la espasticidad: Síntomas, causas y tratamiento

Relación de la espasticidad muscular y la Esclerosis Múltiple | FEM

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