El dolor en la esclerosis múltiple

Uno de los síntomas de la esclerosis múltiple que más puede afectar la calidad de vida de las personas con EM es el dolor. Casi dos tercios sufren al menos un episodio de dolor a lo largo de la enfermedad. Se trata de un síntoma complejo y que puede manifestarse de diversas maneras. El tratamiento mediante fármacos y un abordaje multidisciplinar pueden ayudar.

El dolor es un aspecto que puede presentarse en una amplia mayoría de personas con esclerosis múltiple. La intensidad y la duración del dolor pueden ser muy diferentes según cada caso concreto. En general, el dolor puede clasificarse en dos tipos, en función de su causa:

  • Dolor nociceptivo: se trata de un dolor que procede de los huesos, músculos y otros tejidos conectivos. Normalmente aparece o empeora con los movimientos y/o la palpación.
  • Dolor neurogénico: se trata de un dolor de origen neurológico y no de tipo osteoarticular como el anterior. En el caso de la EM, es debido a las lesiones sobre la mielina que se producen en el cerebro y/o la médula debido a la propia enfermedad. Es un dolor que se describe como lancinante y que puede aparecer en cualquier momento y tener una duración corta.

Prescribir el tratamiento correcto dependerá, en gran medida, de identificar correctamente el tipo y la causa del dolor. Si el dolor es de tipo neurogénico, se prescriben fármacos ‘neuromoduladores’ que, como el mismo nombre indica, modulan la transmisión del impulso nervioso y, por tanto, también del dolor, minimizando la intensidad y la duración del mismo. Normalmente, son fármacos que también se utilizan para tratar la depresión y la epilepsia.

Si el dolor se produce por un aumento del tono muscular, como es el caso de la espasticidad, se prescribirá un tratamiento específico para este síntoma. Si el dolor es de naturaleza nociceptiva, se puede tratar con antiinflamatorios y analgésicos comunes e, incluso, con opioides si es necesario.

Todos los medicamentos pueden tener asociados efectos secundarios y, en el caso concreto de la EM, estos pueden agravar algunos síntomas ya presentes debido a la propia enfermedad: por ejemplo, la estabilidad, la somnolencia, etc. Por este motivo, es importante realizar una correcta evaluación individual del riesgo y el beneficio del fármaco en cuestión, antes de administrarlo.

En los últimos años también se investiga con los tratamientos no farmacológicos, denominados tratamientos psicosociales o conductuales.

Algunas personas con EM pueden necesitarlos como complemento de los medicamentos, si éstos no muestran suficiente eficacia. Un ejemplo sería la práctica de métodos de relajación; muchas veces, el dolor puede proceder de las tensiones o el estrés que una persona acumula. Hay muchos métodos de relajación y todos ellos pueden ayudar a mejorar la percepción del dolor.

El ejercicio físico suave, dentro de las posibilidades que la enfermedad ofrezca a cada persona, también puede ser una ayuda para aliviar el dolor. Deportes como caminar, nadar o practicar yoga son algunos ejemplos de ejercicio que pueden ayudar a eliminar estrés, controlar el dolor y mejorar la condición física en general.

También, especialmente cuando este dolor se hace crónico, puede ser de gran ayuda recibir un apoyo psicológico como, por ejemplo, participar en un grupo de apoyo y otras formas de psicoterapia.

En resumen, un correcto planteamiento del tipo de dolor y sus causas, así como un abordaje terapéutico que incluya tanto tratamientos médicos como fisioterapia o técnicas de relajación, pueden ayudar a mejorar la percepción del dolor y, por lo tanto, la calidad de vida.

 

Enlace al documento original

Multiple Sclerosis International Federation; 2007 [acceso 12 de mayo de 2014]. De Wynn, H. Stoelb, B. Solaro, C. et al. Dolor y EM. Disponible en: https://www.msif.org/wp-content/uploads/2014/09/MS-in-focus-10-Pain-Spanish.pdf

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