Cristina Gómez: “He llegado hasta aquí distorsionando la realidad”

Después de años justificando los síntomas como simple estrés o cansancio, esta joven recibió finalmente el diagnóstico de esclerosis múltiple. La historia de Cristina es un testimonio de esclerosis múltiple, es un relato de negación, miedo y aprendizaje personal, pero también una advertencia sobre la importancia de escuchar al propio cuerpo y actuar a tiempo.

Testimonio de esclerosis múltiple: la historia de Cristina Gómez

–¿Cómo empezó todo?
En 2018 apareció la primera lesión.

–¿Qué pasó exactamente?
Trabajaba, hacía mucha actividad física, entrenaba y solía ir al gimnasio. Tenía una vida muy activa. Aun así, ya desde 2016 experimentaba algunos síntomas: a veces veía doble, a veces tenía hormigueos en las manos, se me dormían mucho las piernas… Pero siempre lo atribuía al estrés o a exigirme demasiado.

En una visita al traumatólogo para el control de la escoliosis y debido a un fuerte dolor cervical, el médico decidió programarme una resonancia. Cuando volví a la consulta, me preguntó si tenía control neurológico por las lesiones que habían aparecido. Aquella fue la primera señal de que algo no iba bien.

–¿Y qué ocurrió después?
El traumatólogo me derivó al neurólogo y, antes de haber recorrido ni un kilómetro en coche, ya me estaban llamando del hospital para que acudiera al día siguiente.

–¿Fuiste?
Sí, fui sola, pensando que no sería nada importante. Me hicieron las primeras pruebas y me dijeron que debía hacerme una resonancia con contraste. Yo tenía veintipocos años, sufría fobia a las agujas y me daba mucho miedo enfrentarme a una prueba así. Por eso no comenté nada en casa sobre la resonancia con contraste y decidí seguir con mi vida, evitando la situación.

–¿Qué pasó después?
Pasaron los años y seguía teniendo muchos episodios de vértigo, fuertes dolores de cabeza, hormigueos, adormecimiento de piernas… Y era mi entorno —no solo mi madre— quien me decía que algo no iba bien. Aun así, yo continuaba justificándolo todo.

A medida que los síntomas empeoraban, intenté pedir una visita telefónica con la neuróloga para evitar la resonancia con contraste, pero ella insistió en que la situación era grave y que había que hacerla. Hasta ahora no quedaba bien enlazado, pero ese momento fue realmente un punto de inflexión.

–¿Hasta cuándo pudiste evitarlo?
Hasta que, finalmente, la neuróloga me llamó y me preguntó si era consciente del riesgo al que me estaba exponiendo. Me asustó. Con anestesia general, me sometí a la resonancia con contraste y aparecieron lesiones activas.

Y eso solo fue el inicio: después de dos resonancias —craneal y medular— vinieron analíticas completas y, posteriormente, la punción lumbar, también con anestesia general. Tuve que pasar por dos pruebas muy duras: una en julio y otra en octubre. Todo este proceso fue especialmente difícil debido a mi fobia a las agujas y a los entornos médicos. Al final, todo apuntaba al diagnóstico de esclerosis múltiple.

–¿Cuándo fue eso?
El año pasado.

–¿Y entre 2018 y 2024 continuaste adelante sin hacerte cargo?
Sí. Lo justificaba todo. Pensaba que era normal, que era estrés y cansancio.

–¿Cómo te tomaste el diagnóstico?
Fue un golpe muy duro. Antes de entrar en la consulta, mi madre y yo estábamos tomando un café. Las dos estábamos convencidas de que sería algo sencillo. Pero cuando nos dieron los resultados, tuvimos que sentarnos. Fue uno de los peores momentos de nuestra vida, para ambas.

–¿Empezaste el tratamiento enseguida?
Al principio me negué. Necesitaba entender y asumir qué estaba pasando. Con trabajo personal, psicóloga y psiquiatra, pude afrontar la realidad. He hecho dos tratamientos: el primero me sentó fatal y me dejó literalmente en la cama. El segundo lo estoy haciendo ahora, pero aún no sabemos si será efectivo.

Vivir con esclerosis múltiple: dudas, temores y aprendizaje

–¿Cómo te encuentras actualmente?
Tengo mucha fatiga y espasticidad, y eso no me permite llevar una vida normal. Estoy de baja, intentando ajustarme a los cambios y convivir con la incertidumbre de la evolución.

–¿Cómo te sientes emocionalmente?
Con el paso del tiempo, la enfermedad ha avanzado. Ya no estoy en forma remitente-recurrente, sino en secundaria progresiva. Ya no tengo brotes.

El hecho de no querer actuar a tiempo y de no querer escuchar tiene consecuencias graves. Las personas que puedan verse reflejadas en mí deberían reflexionar: a veces se llega a tiempo… y a veces no. Si en 2018 hubiera empezado un tratamiento, probablemente ahora no estaría en esta fase.

–¿Cómo ha sido el proceso de trabajo personal que mencionas?
Cuando te ves vulnerable, dependiendo de la medicina, te das cuenta de que la mente lo es todo. En mi caso, no había tenido malas experiencias médicas, pero el miedo a las agujas generaba tanta angustia que distorsioné la realidad durante años.
Con la ayuda del trabajo mental realizado, me di cuenta de que no podía seguir distorsionando la realidad y he afrontado la enfermedad.

–¿Cómo llevas el hecho de estar de baja laboral?
Ha sido duro. Mi doctora me dijo que sí o sí tenía que parar. Debido a la inmunosupresión del tratamiento, era muy propensa a infecciones y bacterias, y era muy difícil sostener una vida normal.

Ahora, estando de baja, he notado cambios: sigo cansada, pero puedo regular mejor la energía. Normalizar esta nueva vida es complejo y, a menudo, doloroso.

–¿Cómo valoras el momento vital en el que te encuentras ahora?
Estoy intentando reconocer mis límites sin vergüenza. Descubrir el valor de un día tranquilo y ser más amable conmigo misma. Ya no soy la persona que era antes, es cierto. Pero tampoco soy menos.

Vivir con esclerosis múltiple no es rendirse. Es aprender a vivir de nuevo, con nuevas normas, con otros mapas. A veces tengo miedo, sí. Pero también tengo coraje. Y ese coraje me acompaña cada mañana, cuando decido seguir adelante. La vida no se ha detenido: ha cambiado de forma, y yo estoy aprendiendo a disfrutarla.

La experiencia de Cristina es un recordatorio de que cada testimonio de esclerosis múltiple puede ayudar a otras personas a sentirse acompañadas, informadas y comprendidas. Si tú también convives con la esclerosis múltiple, te invitamos a unirte a la Comunidad EM: un espacio seguro donde encontrarás recursos, acompañamiento y testimonios que inspiran.

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